Seleccionar página

Esta es nuestra crítica del concierto que ofrecieron los canadienses Destroyer de Dan Bejar hace unos días en La Rambleta de Valencia, tal y como se ha publicado en las páginas de Cartelera Turia. La foto es de María Carbonell.

 

Memorable

 

Dan Bejar, metabolizando en directo un repertorio deslumbrante (Foto: María Carbonell)

No ocurre muy a menudo: banda de primera fila internacional (de las de verdad, de las que figuran en los listados de lo mejor del año para la prensa del ramo) en el pico más pronunciado de sus potencialidades, con formación al completo y visitando Valencia. Una infrecuente cuadratura del círculo que, cuando se produce, depara el prolongado recuerdo de un músico (o músicos) en estado de gracia. Una gema que deslumbra entre decenas de sortijas comunes, algunas más lustrosas que otras. El canadiense Dan Bejar es ese hombre. Alguien que no parecía dispuesto a prorrogar la exuberante fantasía sonora de Kaputt (2011), tras el continuista Poison Season (2015), pero que ha dado una vuelta de tuerca maestra con ken (2017), trabajo que juega en la liga de los muy grandes, apenas tosido este ejercicio (¿LCD Soundsystem? ¿Father John Misty? ¿St. Vincent?).

Tan solo la excesiva reverberación de un recinto que no fue concebido para tal derroche instrumental (el hall de La Rambleta, y no su auditorio) desajustó el encuadre de una noche memorable. Pero hasta eso, que pudo restarle finura, multiplicó la elocuencia de un puñado de canciones que fue más allá de su reproducción milimetrada (que ya hubiera sido más que suficiente) para añadir un plus de emoción. Pocos juegan ahora mismo mejor con los mimbres del pasado que Bejar, consumado alquimista capaz de convertir en oro todo lo que toca. Ya sean las evocaciones del indie pop británico de los ochenta, del pop sintetizado y satinado inmediatamente anterior, de la herencia glam, de los claroscuros diletantes del after punk y de cualquier otro afluente sonoro que, en manos menos diestras, se despeñaría por la sima de la horterada (¿quién es capaz de valerse de saxo y trompeta ahora mismo en un contexto pop con mayor elegancia y emotividad?). Formación de ocho miembros la suya, para la reproducción – muy bien dosificada – de canciones que no deberían tener fin. De esas en cuyo interior uno desearía quedarse a vivir.

El eficiente prólogo lo había servido su paisano Nicholas Krgovich, desvistiendo solo al piano un argumentario delicado (la sombra de Prefab Sprout o The Blue Nile) que toma nota de un legado que él se encarga de honrar con clase. Pero que en manos de los actuales Destroyer (y es la parte negativa, por inevitable comparación) se eleva a la estratosfera, transmutado en un abrasador ejercicio de orfebrería.

Carlos Pérez de Ziriza.

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de losusuarios del sitio. Si usted continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Share This