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Reproducimos la crítica de Welcome, Stranger! (ArtStar, 2017), el disco que The Blue Aeroplanes editaron hace unos meses, tal y como la redactamos para la revista Mondosonoro, que la incluyó en su número del pasado mes de mayo.

 

La estadística podría contradecir la vigencia de sus señas identificativas, porque ya son más de 40 los nombres que se agolpan en el staff de los de Bristol a lo largo de cuatro décadas ininterrumpidas de carrera (basta consultar la wikipedia). Pero Gerard Langley sigue haciendo valer, en medio de tanto trajín entre bambalinas, los rasgos distintivos de su marca: ese arrebatado jangle pop que transita entre lo mundano y lo poético, sostenido por un tupido engranaje de guitarras eléctricas y su reconocible dicción, entre el recitado inflamable y el spoken word, que traza una hilo invisible entre Lou Reed y Kate Tempest, con Mark E. Smith, Stephen Malkmus, Art Brut o Parquet Courts como balizas en el camino.

Seis años llevaban Langley, su hermano John y el bailarín Wojtek Dmochowski (únicos supervivientes de la formación original) sin editar material alguno, el mayor paréntesis en su dilatada carrera, y aunque este decimotercer álbum no sea un nuevo Beatsongs (1991), ni siquiera un Swagger (1990), sí se las apaña estupendamente para explicar con argumentos actuales por qué una vez fueron una de las bandas favoritas de Michael Stipe o de Radiohead.

Y no lo es tanto por sacarle lustre a la clásica estructura estrofa-estribillo-estrofa, a la que no sienten necesidad de ceñirse punto por punto, como por el refuerzo de sus principales arbotantes: la reformulación de la pócima de los primeros R.E.M. en “Sweet, Like Chocolate”, su pericia para dar con singles tan cáusticos y contagiosos como “Dead Tree!, Dead Tree!” o “Elvis Festival”, la habilidad para conjurar aún diáfanas radiaciones pop en “Skin” (con la voz de Bec Jevons, de IDestroy) o la ebullición del torrente lírico que aún encauzan en “Poetland”, cierre consignado en Spotify con la insidiosa y absurda etiqueta de explicit lyrics (malos tiempos estos para cualquier lírica).

Siguen siendo una institución y lo refrendan con trabajos como este, por mucho que su resonancia mediática haya ido languideciendo en los últimos años hasta hacerse apenas perceptible.

Carlos Pérez de Ziriza.

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