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Esta es mi crítica del concierto que ofreció Bart Davenport con su banda The Bedazzled hace unos días en el Deluxe Pop Club de Valencia, publicada en la Cartelera Turia. La foto es de María Carbonell.

 

Clase a borbotones

 

 

Es impresionante la capacidad que tiene Bart Davenport para amoldarse a cualquier situación y extraerle partido a todo. Sobre el minúsculo escenario del Deluxe, con los tres integrantes de The Bedazzled acogotados como quien dice en una baldosa (su batería se tuvo que limitar a palmear un cajón), despachó otra de sus lecciones de savoir faire metiéndose al público en el bolsillo. A veces clama al cielo que sus deliciosas canciones, deudoras del soft rock, el folk, el soul de ojos azules, la bossa y últimamente el pop policromado de los ochenta, no obtengan más eco. Que no pueda actuar en recintos más amplios. Pero se olvida pronto. Tan pronto como comienza a desvelar exquisitices de nuevo cuño como “Blue Motel”, “Cleo” o “Grown Ups” (su último álbum se comió casi la mitad del setlist) o se pone a rescatar brillantes piezas de pedrería pop como “Fuck Fame”, “Dust In The Circuits”, “Jon Jon” o “A Young One”. Ninguna anterior a 2008, ojo: pocas rentas. Redondeadas por dos versiones reveladoras: “Under The Milky Way” de The Church y “The Whole Point Of No Return” de The Style Council. Como cantaba en una de ellas, al diablo puede irse la fama, que nunca la quiso y nunca la necesitó; pero que al menos se pueda ganar la vida con algo más de desahogo, qué carajo. Por regalarnos noches así, se merece eso y mucho más.

Carlos Pérez de Ziriza.

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