Seleccionar página

Esta es la crítica del concierto que ofreció Damien Jurado hace unas semanas en el Teatre El Musical de València, tal y como se ha publicado en las páginas de la Cartelera Turia.

 

En carne viva

 

 

Hay detalles que humanizan a los músicos a quienes admiramos: cuando apenas llevaba destripadas cinco canciones, Damien Jurado nos reveló que sufre de fibromialgia, y que a punto estuvo de no poder pisar el escenario. Aproximadamente una hora después, se despidió con un tema para el que solo utilizó la palma de su mano como percusión, golpeándola sobre su rodilla y rematando el bis con un silbido que se iba desvaneciendo al tiempo que abandonaba el estrado por una de sus esquinas. Entre medias, y con la compañía de Josh Gordon (fueron dos guitarras acústicas), el norteamericano tuvo tiempo para dar otra lección de honesta profesionalidad al servicio de un temario que ya no cuenta con la producción multicolor del malogrado Richard Swift (a cuya memoria también tributó versionando “The Novelist”) pero le permite seguir expidiendo maravillas como “Allocate” o “Dear Thomas Wolfe”, que sonaron en el Musical en compañía de canciones más entradas en años como “Exit 353”, “Cloudy Shoes” o una escalofriante “The Killer”. Quizá no deslumbró como en anteriores visitas, pero su derroche de sentimiento y coraje desarmó por igual. Minutos antes, el ilicitano Nacho Casado había desgranado, también en acústico – claro – los excelentes argumentos de Verão (2018), uno de los mejores álbumes hechos este año en suelo valenciano, acercando la brisa de la bossa nova al palmeral de su tierra como si tal cosa.

Carlos Pérez de Ziriza.

Share This