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Tras la agotadora temporada de festivales masivos, ya teníamos ganas de echarle el guante a un buen directo en sala. Así que iniciamos la temporada con el bolo de los finlandeses French Films, teloneados de nuevo por Gatomidi, en la sala Wah Wah. Esta es la crítica del concierto, publicada en la Cartelera Turia de esta semana, la que llegó a los kioskos el pasado viernes.


French Films+Gatomidi-Wah Wah

Bajo techo, mejor

French Films: melodías ensoñadoras despachadas con el mimetismo de rigor (Foto: Amalia Yusta).
   La enorme importancia del entorno se deslinda en toda su rotundidad con conciertos como el que ofrecieron French Films en Wah Wah. Los finlandeses repetían presencia (e incluso teloneros, los manchegos-operativos desde Valencia-Gatomidi) respecto a su visita del mes de noviembre del año pasado, pero en nuestro recuerdo primaba (ya que no pudimos asistir a aquella presentación de facto en nuestro país) el recuerdo de su concierto en agosto pasado, dentro del Arenal Sound de Burriana. Servido como un mero entremés de madrugada, una suerte de resopón en medio del pantagruélico menú que despacha cualquier festival veraniego, su mimetismo indie pop (con evidentes anclajes en bandas de los estertores de los 80 y balbuceos de los 90) fue diluyendo su encanto en medio de esa inmensidad que es la explanada de asfalto junto a la playa del Arenal, ante la indiferencia generalizada del grueso del público y el entusiasmo de una acusada minoría. Las costuras saltan a la vista con mayor evidencia cuando el calor ambiental escasea y la ingesta de propuestas de diverso pelaje raya en la saturación. No digamos si uno cree haber avistado el techo de la excelencia con actuaciones como la de Azealia Banks, solo unos minutos antes.

Entre las cuatro paredes de una sala de aforo modesto, todo cambia. La complicidad prende con mayor facilidad, el hervor de la noche alcanza un punto de ebullición que no demanda tanta exigencia, y el personal acaba prácticamente rendido al cuerpo a cuerpo más cercano. Con esa sonrisa bobalicona que solo el pop de irreprochable pedigrí, cumplidora ejecución y escasez de pretensiones puede acabar dibujando en su cara. El radiante perfil pop de los nórdicos hunde sus raíces en la generación indie post C-86 (de una forma similar a la que pregonan The Pains Of Being Pure At Heart, The Mary Onettes, The Radio Dept. y tantos otros coetáneos), aunque una mirada más retrospectiva esboza también la perenne sombra de la cuádruple B (The Byrds, The Beatles, Beach Boys, Big Star), a la manera en que la entendieron los referenciales Teenage Fanclub o tal y como la recogen ahora vecinos como los noruegos I Was a King. Vibraciones de contagio súbito, aunque su modulación llegue tan de segunda (o hasta tercera) mano, como suele ser común a la escuela escandinava. Cálidos y entrañables, en todo caso, si se disfrutan en la dosis justa y en el enclave adecuado.

Los manchegos Gatomidi, hasta hace bien poco afincados en Valencia (residen en Madrid desde hace unos meses), habían ejercido de acreditados teloneros demostrando lo bien que les ha sentado el rodaje a los temas de su segundo álbum, estrenado hace ya cerca de un año. Mención especial para “Falling”, The Light Is You” o “Facing Destiny” (esta del primero). La incógnita acerca de por qué escatimaron su versión de “I’m Waiting For The Man” (The Velvet Underground) quedó disipada al final de la noche, cuando la abordaron en tropel junto a French Films en alborozada camaradería, trabada desde que compartieran escenario el año pasado.

Carlos Pérez de Ziriza.
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