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Reproducimos la crítica del concierto que los veteranísimos Half Japanese ofrecieron hace unos días en la sala Loco Club de Valencia, tal y como ha sido publicada en el número de la Cartelera Turia que se pone a la venta hoy viernes.


HALF JAPANESE-Loco Club

La dignidad de las victorias pírricas

Half Japanese: la brega inagotable de Jad Fair (Foto: Juan Limousine/The Water Tapes)

Half Japanese es una de esas bandas con tantos adeptos célebres como opacidad pública. Si de sus compañeros de gremio dependiera, sería uno de los grupos más insignes de la galaxia independiente. No les faltan galones (desde mitad de los 70) ni álbumes descollantes (el último, el primero que editan en trece años, sin ir más lejos) como para participar de esa consideración. Pero ocurre que gozar de la pleitesía de Peter Buck (R.E.M.), Lee Ranaldo (Sonic Youth), Moe Tucker (The Velvet Underground), Ira Kaplan (Yo La Tengo), Norman Blake (Teenage Fanclub), Douglas T. Stewart(BMX Bandits) o Jenn Wasner (Wye Oak) no sirve por sí solo para vender boletos ni despachar discos. Menos aun cuando se opera desde la heterodoxia y se hace poco uso del cedazo. Lo mismo que le ha ocurrido siempre a algún que otro compañero, ya sea de la misma generación o de la inmediatamente posterior.

Así, lo que tenemos en noches como la de hace unos días en Loco Club es a un veterano de guerra como Jad Fair (60 años ya) batiéndose el cobre ante poco más de medio centenar de personas. Bien secundado por unos secuaces acostumbrados a compartir carretera y manta desde hace años con el de Michigan. Ya sea desvertebrando el clásico traqueteo de The Velvet Underground, desvencijando las enseñanzas del rock and roll como antecedente de lo que fue el sonido lo fi que tanto prosperó en los 90 (con el mismo pulso ácrata que Daniel Johnston, quien sí llenó la misma sala hace un par de años) o incluso acercándose puntualmente a la abrasión de The Stooges. Jugueteó deliciosamente con su guitarra de mástil retráctil, se marcó una inmersión a pelo entre el público (de esas que podrían considerarse casi suicidas) y dejó al escaso personal con un inmejorable sabor de boca. Lo suyo es la dignidad inmarchitable del loser vocacional, perennemente recluido al culto minoritario. Aquel que puede conformarse con victorias poco más que pírricas, quizá porque (como cantó Brian Wilson) no fue hecho para estos tiempos. Ni para los de más allá.

Los valencianos The Standby Connection (tres cuartas partes de los extintos Polar) habían ejercido antes como teloneros, con una relectura tan aplicada de los modismos de la escuela Galaxie 500-Luna que hasta se agradece cuando se sueltan la melena en “Someday” (que remite a Sonic Youth) o cuando versionan con tiento a Sammy (“Hi Fi Killers”) o Mercury Rev (“Chasing a Bee”). Todo queda en los 90, pues.

Carlos Pérez de Ziriza.
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