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Reproducimos nuestra crítica del concierto que ofreció Joan Manuel Serrat hace unos días en el Palau de les Arts de Valencia, tal y como se ha publicado en la Cartelera Turia que sale a la venta hoy mismo. La foto es de Octavio Juan.

 

El mediterráneo como contenedor… de cultura

 

 

Se agradece que Serrat mantenga el hechizo de Mediterráneo (1971) incontaminado sobre el escenario. Sin necesidad de insuflarle arreglos postizos o dosis extra de pomposidad que no necesita. El álbum de su consagración, la cima de su carrera, es recuperado además en esta larga gira (bautizada como “Mediterráneo Da Capo”) sin que las canciones irrumpan en el mismo orden en que fueron ordenadas en disco, lo cual siempre preserva el factor sorpresa que otros rescates de discos históricos anulan cuando son revisitados pista a pista, surco a surco. Y lo hace sin esperar a su 50 aniversario, que ya no están las cosas con 74 años, como confesó, para ir contemporizando.

La segunda de sus noches en un Palau de les Arts abarrotado – esta vez, sin ningún tarugo que se sintiera ofendido porque el de Poble Sec presentase sus canciones en catalán, como siempre ha hecho en Valencia – fue otra delicada declaración de intenciones con el mediterráneo como hilo conductor, no solo por la primacía absoluta en su primer tramo de aquel disco compuesto sin más pretensiones en un pequeño hotel de Calella (tras un medley instrumental con algunas de sus canciones, y luego con puntos álgidos como “Pueblo Blanco”, “Tío Alberto”, “Aquellas pequeñas cosas” y, por supuesto, su universal tema titular), sino por una segunda hora de concierto (algo más inconexa, la verdad) en la que releyó “La mer” de Charles Trenet, “La lluna”, el “Tatuaje” de Valerio, León y Quiroga o aquella “Plany al mar” inspirada en la obra de Machado, evocando esas aguas tan maltratadas por quienes las circundamos – y a veces las disfrutamos – , que desde hace tiempo sirven además como escenario del drama migratorio. Crisol de vida y, al mismo tiempo, ingrato sarcófago.

Muy bien secundado, como de costumbre, por las teclas de Ricard Miralles y de Josep Más “Kitflus”, Serrat lució voz en formidable estado de forma (recuperado de su laringitis) y demostró por qué tantas de sus canciones residen por derecho propio en el espinazo emocional de varias generaciones.

Carlos Pérez de Ziriza.

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