Seleccionar página

Esta es nuestra crítica del concierto que ofrecieron los suecos José González & The String Theory, en La Rambleta de Valencia, tal y como se ha publicado esta semana en las páginas de la Cartelera Turia. La foto es de María Carbonell.

 

Precisión escandinava

 

Me comentaba un veterano promotor a las puertas de La Rambleta, justo antes de comenzar el concierto de José González, que no terminaba de entender por qué al sueco-argentino le había tocado en suerte uno de los premios gordos en el reparto de popularidad entre las recientes hornadas de cantautores acústicos. Un territorio tan superpoblado, el de los émulos de Nick Drake o Elliott Smith, como para que ni siquiera un repertorio notable garantice repercusión. Son muchos los talentos que rozan lo genial y se quedan en el camino. Disculpen la confesión: tampoco al salir del mismo me quedó a mí del todo claro, pese a que el concierto fue no solo irreprochable, sino tan intenso como para poner en ebullición la temperatura de un auditorio de La Rambleta absolutamente enardecido.

Jose González vino con The String Theory, la orquesta de veinte músicos de Göteborg con quienes viene girando de forma intermitente desde 2011, y que se encargan de embellecer sus desnudas canciones – esbozadas con guitarra acústica y su trémula voz – mediante arreglos de cuerda y viento y con percusiones que a veces entran en lo insólito (bolsas de plástico, una sierra de metal). El efecto es ciertamente imponente, a veces apabullante, pero es tan rematadamente sueco (no hay país en el mundo que mimetice mejor cualquier género musical que le quede a mano) que incurre en una asepsia tan bonita que hasta da lástima afearle su evidente pasteurización. Un balance de indudable efectismo, entre lo orgánico, lo orquestal y lo electrónico, extraordinariamente tramado. Algunas de sus canciones se resolvieron como mantras que recordaban en cierto modo al blues tuareg de los músicos de Mali, mientras otras simplemente carecen de aristas que las sitúen en terreno memorable. Su versión del “Teardrop” de Massive Attack fue de lo mejor de la noche. Seguramente no fue el mejor día de quien firma esto, pero uno salió de allí con la sensación de haber asistido a una gran celebración en la que algo muy grande – el leit motiv mismo de la fiesta – le era bastante ajeno. Algo nos debimos perder. 

Carlos Pérez de Ziriza.

Share This