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Esta es nuestra crítica del concierto que ofreció hace unos días Josh Rouse en el Loco Club de Valencia, publicada en la Cartelera Turia. La foto es de María Carbonell.

 

Guión sólido y sin sorpresas

 

 

Desvíos del guión, los justos: pese a que su último álbum (Love In The Modern Age) ha operado un meridiano giro sintético en su carrera, apostando por los sintetizadores y los saxos de filiación ochentera, nada de eso hubo en su concierto del Loco. Ni rastro. Formato básico de guitarras, bajo y batería. Y dos de sus mejores canciones, “Love In The Modern Age” y “Business Man”, solventadas a las primeras de cambio y en acústico, con Rouse solo en escena. Los experimentos, solo con gaseosa. No fue tampoco una mala opción, teniendo en cuenta que algunas de sus derivas – su interés por los ritmos cubanos y brasileños de hace casi una década – no terminaron de cuajar ni entre su público ni mucho menos entre la crítica. La audiencia quiere jugar sobre seguro. Y la apuesta se reveló acertada, porque la compenetración (que viene de lejos) con sus dos secuaces valencianos (Caio Bellveser al bajo y un superlativo Xema Fuertes a la guitarra, esta vez reforzados por Alfonso Luna a la batería) redundó en una maceradísima solidez que hizo que hasta algunos pasajes discretos de su discografía reciente salieran muy reforzados: fue el caso de “New Young”, ese explícito guiño a Neil Young (ya en sus primeras visitas, antes incluso de venirse a vivir a Valencia, versionaba en directo “For The Turnstiles”) que sonó a gloria.

El bueno de Rouse es un tipo tranquilo, un solventísimo artesano de la canción que – no obstante – rara vez multiplica el hechizo de sus canciones en directo con rendiciones sanguíneas ni derroches de garra, así que esa inyección de vigor le vino muy bien, en una noche repleta de medios tiempos de interés variable, apuntalada por tres joyas como “Winter In The Hamptons”, “Comeback (Light Therapy)” y “Love Vibration”, indiscutibles puntos álgidos de dos álbumes ya lejanos en el tiempo que bastarían para consagrar a cualquiera. Hay quienes, con mucho más brillo mediático, llevan lustros viviendo de dos discos prensados hace más de uno y dos decenios. Y además, es justo reconocer que esta es la mejor versión en directo que le recordamos al norteamericano en más de una década. Justo cuando, ya lejos de la ciudad que le acogió y en la que formó su familia, sus conciertos han dejado de formar parte de nuestra rutina para tornarse en visitas puntuales.

Carlos Pérez de Ziriza.

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