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Reproducimos nuestra crítica del concierto que ofreció King Creosote hace unos días en la sala Loco Club de Valencia, tal y como se ha publicado en las páginas de la Cartelera Turia.

Carisma escocés

 

Había cierta inquietud entre parte del público que se congregó en el Loco Club por saber cómo se las apañaría Kenny Anderson – el hombre conocido como King Creosote – para conjurar la belleza incontaminada de sus canciones, sin los exuberantes arreglos (gaitas, cuerdas, arpa) que luce en discos como Astronaut Meets Appleman Caroline (2016), la que fue su última entrega. Ya no es solo una cuestión de que las buenas composiciones se sostengan por sí solas y bajo cualquier formato, sino de que cobren ese arrojo interpretativo que ahorre los bostezos que podrían brotar ante la mera contemplación de un tipo que se planta solo, con una guitarra acústica y un argumentario básicamente folk, una tarde de domingo en una sala de un país relativamente ajeno a sus dictados. La incógnita se despejó tan pronto se comprobó que el escocés no solo oficia de escocés hasta las últimas consecuencias (un desbordante y contagioso sentido del humor), sino que también es un intérprete más que convincente, alguien que – pese a la economía de medios de esta gira – no escatima matices a la hora de desgranar unas canciones que lucen sin perder propiedades.

Tiene también la virtud de azuzar la tradición folk británica a su antojo, maleándola hasta imprimirle un sello propio y actual, muy a la manera en la que alguien como Sam Amidon hace lo propio con el folk norteamericano (inevitable trazar paralelismos con su deshuesado concierto en la misma sala, hace casi cuatro años), con lo que puede decirse que su bolo, que picoteó de parte de su vastísima discografía y de versiones de material ajeno como “The Only Living Boy in New York” (Simon & Garfunkel), respondió sobradamente a las expectativas. El valenciano Gilberto Aubán, Gilbertástico, había servido antes el prólogo con su habitual hechura de piano man, basculando entre el atinado enfoque pop del que fuera su último álbum – hace tres años – y los abigarrados desarrollos de sus últimos temas, que conforman una suerte de electrópera rock (la definición es suya, a mi no me miren) cuyos textos tienen mucho de clase de historia en torno a la Primera Guerra Mundial.

Carlos Pérez de Ziriza.

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