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Esta es nuestra crítica del concierto que ofreció hace unas semanas José Ignacio Lapido en la sala Loco Club de Valencia, tal y como fue publicada en las páginas de la Cartelera Turia.

 

Galones rock

 

Alguien entre el público mencionó la malafollá granadina. Algo de eso hay. Y no es cuestión de que José Ignacio Lapido sea, ni mucho menos, un mala sombra. Pero sí hay en su parquedad dialéctica, en su déficit de carisma (o de aura) y en su adusta forma de presentarse ante el público, mucho de esa acreditada condición de sigiloso artesano de la canción de arte mayor. De la que se ventila sin estruendo mediático, ni exabruptos altisonantes ni concesiones al malditismo. También sin complacencias. Otra cosa bien distinta es la elocuencia que destila su plástico e intransferible cancionero. Es ahí donde reside su mejor activo, su prosa más punzante y turbadora (porque la mesura, estilizada pero mesura, también la explaya en su faceta como columnista de prensa). La misma expresividad que lleva paseando por los escenarios desde los primeros tiempos de 091, y que ahora ha de enfrentar en solitario tras el multitudinario paréntesis de la reunión de su antigua banda.

Llegaba ahora a Valencia con El alma dormida (2017) bajo el brazo, un nuevo suma y sigue en su notable y consistente trayecto en solitario. Y quizá fuera tan solo una ilusión, pero da la impresión de que el receso nostálgico le ha beneficiado algo: al menos así se concluye del más que saludable aspecto que presentaba el Loco Club, más nutrido que el de sus última visitas solo a la ciudad. Por lo demás, el guion respondió a la previsible solvencia, con nuevas muescas que añadir a su distinguido temario como “¡Cuidado!” o “Nuestro trabajo” y clásicos como “En el ángulo muerto”, “La antesala del dolor” o “Cuando el ángel decida volver”, muy bien defendidos por una banda en la que sobresale la guitarra de Víctor Sánchez. Rock con solera y galones, reducto generacional sin visos – ay – de relevo, pero aún restallante, avivando buenas brasas del fuego que una vez fue.

Carlos Pérez de Ziriza.

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