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Nos hacemos eco de la publicación de nuestra crítica del concierto que ofreció la norteamericana Laura Cantrell hace unos días en La Rambleta de Valencia, tal y como se ha publicado en el número de la Cartelera Turia que se pone a la venta esta semana.
Inmejorable forma de pasar un domingo por la tarde

Laura Cantrell: ingravidez casi atemporal. 
Laura Cantrell es la clase personificada. No tiene el arrojo sanguíneo ni el derroche de actitud de una Nikki Lane, pongamos por caso (es el primer nombre que se nos vino a la cabeza, de entre las féminas que nos han visitado en los últimos tiempos abonadas al rock de raíz norteamericana), pero la serena belleza de su voz tiene ese punto de ingravidez, casi atemporal, que hace que las bocas callen y el entorno (domingo tarde, más que discreta afluencia) apenas importe. Más que digna heredera del sonido de esa Nashville en la que se crió y a la que acude de cuando en cuando para grabar sus álbumes, Cantrell ha afirmado con orgullo en más de una ocasión no querer constreñirse a una visión demasiado ortodoxa o excluyente del country.
Y lo cierto es que cuando aborda maravillas como “Someday Sparrow” o “Not The Trembling Kind” (pieza homónima de su exitoso primer álbum) hay que darle la razón, por la forma en la que, más allá de aditamentos como el violín y el banjo (presentes durante buena parte de la velada), tiende puentes con un pop de muchos quilates, sin prefijos ni sufijos, un poco a la manera de Neko Case. “Queen of The Coast”, el preceptivo homenaje a Kitty Wells que es “Kitty Wells Dresses” o el rescate de “The Whiskey Makes You Sweeter” fueron otros de los puntos álgidos de un concierto delicioso y de sonido impoluto. Atípico, por aquello del domingo tarde, pero absolutamente delicioso.

Carlos Pérez de Ziriza.
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