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Reproducimos la crítica del concierto que León Benavente y los valencianos Flipping Colors ofrecieron hace unos días en la sala Noise de Valencia, en el tercero y último concierto del Festival de Benvinguda de la Universitat de València de este año, tal y como se ha publicado en la Cartelera Turia de esta semana.

León Benavente + Flipping Colors – Noise (Festival de Benvinguda)
Al borde del gran reto

Abraham Boba, la voz de León Benavente, en pleno fragor escénico en la sala Noise (Foto: Pablo Ortuño)
El último de los tres conciertos del Festival de Benvinguda de la Universitat de València se cerraba con la enésima demostración de poderío a cargo de León Benavente. Una banda que originalmente se formó como proyecto paralelo a las formaciones que abastecían su alineación (Nacho Vegas, Tachenko), pero que con el tiempo -los dos años y medio transcurridos desde la publicación de su debut- se ha ido consolidando no solo como un ente creativo con un lenguaje plenamente autónomo, sino como una de las formaciones clave del rock estatal. Su excepcional acogida ha llevado, como no podía ser de otra forma (serían tontos sus integrantes si no aprovecharan la bonanza), a la sobreexposición escénica, y el de Noise era precisamente uno de los últimos conciertos exprimiendo hasta la ultima gota el cancionero de su sobresaliente álbum homónimo y del EP Todos contra todos(ambos de 2013). Tiene su mérito que aún sean capaces de defenderlo con tanto entusiasmo, especialmente cuando su trazo notarial, forjado al calor de referentes sonoros y anímicos que apelan a un estrato generacional muy concreto (clase media de jóvenes talludos y arrumbados por la desoladora carencia de expectativas, carne de 15-M), podría correr el riesgo de ver diluido su impacto con la misma premura que algunas de las plataformas cívicas y políticas que lo han secundado.
Quedan asaltos aún para que el combate se dilucide, claro está, así que Abraham Boba y los suyos comban el compás de espera asumiendo que el repertorio que han defendido en decenas de salas y festivales está ya prácticamente amortizado, y que les toca mover ficha con un nuevo álbum que debería ver la luz en 2016. Mientras tanto, aún se divierten rodando las mismas canciones rocosas y plenas de sugestión con su acostumbrada solidez, tan vehemente que no dejan resquicio para muchas objeciones, más allá de ligeras variaciones en el orden de su setlist, que en algún momento puntual deslavazan -de forma poco significativa, la verdad- la intensidad de su directo. Lo mas complicado les llega ahora, con la alta expectativa ante una secuela para la que ellos mismos se han puesto el listón (quizá) demasiado alto. Habrá que ver cómo lo saldan. Sus teloneros en Valencia fueron los locales Flipping Colors (con alguna permuta en su formación respecto a sus inicios), de quienes lo mejor que se puede decir es que en solo unos minutos pueden evocar a The Wedding Present, Pavement, Velvet Crush, Built To Spill, The Clash y el fuzz de la generación C-86 sin que tal ensalada de nombres devenga en copia a carboncillo, sino en una vivificante (y convincente) asimilación de nutrientes. A eso se le debería llamar proyección. Y ojalá se concrete en la que debe ser continuación de Selfish Shellfish Selfie, su prometedor debut de hace unos meses.

Carlos Pérez de Ziriza.
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