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Reproducimos la crítica del concierto que la norteamericana Melody Gardot ofreció hace unos días en los Jardines de Viveros, dentro de su Feria de Julio, tal y como se ha publicado en la Cartelera Turia de esta semana. 
Arrojo contenido

Melody Gardot: carisma e irreprochable factura. 
Tiene las hechuras de las grandes damas actuales del jazz. Incluso cierto arrojo en escena, ese que se echa de menos en figuras como Madeleine Peyroux o Diana Krall. Pero también el exceso de reverencia a los clásicos, ese punto de academicismo que diluye cualquier sanguíneo arranque de genio. La norteamericana Melody Gardot es una front woman con carisma y credibilidad, a sus 31 años. Le da estupendamente al piano y a la guitarra acústica, y se mueve por el escenario con la sensualidad de quien sabe que tiene al público prácticamente ganado desde el minuto cero. Su actuación de Viveros, seis años después de su primera visita a la ciudad (en el Palau de la Música), mostró su evolución, acompañada de un estupendo manojo de músicos con los que escenificó ese vigoroso giro -del jazz aromatizado al funk y el rythm and blues clásicos- que ha plasmado en el notable Currency of Man (Verve), su cuarto trabajo largo.
“You Don’t Know What Love Is”, con la imponente trompeta de Shariff Clayton, y una tremendamente seductora “Bad News”, con ese innegable deje al Tom Waits de tugurios nocturnos y el gran saxo de Irwin Hall Jr. dándole el contrapunto, fueron dos de los mejores momentos de un concierto impecable, al que no se le puede reprochar gran cosa más allá de su apego por la ortodoxia y esa irrefrenable tendencia que esta clase de bandas tienen por acercar sus canciones al canon de la jam session, incurriendo en desarrollos de virtuosismo algo gratuito. Pecata minuta, en todo caso, ante el derroche de delicadeza que se marcó Gardot al piano con “Goodbye”, ante su arrebatado guiño al “See Line Woman” de Nina Simone (uno de sus claros referentes) o ante cómo defendió “Baby, I’m a Fool”, con la sola compañía de su guitarra acústica.

Carlos Pérez de Ziriza.
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