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Nos hacemos eco de la crítica del concierto que Mercromina protagonizaron hace unos días en La Cambra del Espai Rambleta, tal y como ha sido publicada en el número de la Cartelera Turia que se puso a la venta el pasado viernes.

Mercromina-Espai Rambleta

Electrizante reactivación


Mercromina en un instante de su concierto en Albacete en noviembre pasado, unas semanas antes de pasar por Valencia (Foto: J.M.E. La Tribuna de Albacete)


El temario que Mercromina enhebraron entre 1995 y 2005 se mantiene en un excelente estado de conservación. No solo por lo que supuso (y aún supone, en vista de la descendencia) como cristalización del discurso de una banda que asumía, al tiempo que trascendía, los preceptos primero del noise, luego del post rock o del kraut y por último de la nueva lisergia rock norteamericana en nuestro país, dotándolos asimismo de un rico imaginario lírico en castellano, que además enlazaba sin más deudas de las debidas con los Surfin’ Bichos, el germen del que también nacerían Chucho
Conserva intactas sus propiedades también por el inusitado vigor de su recreación en vivo, nueve años después del tour de despedida que les acercó por última vez a Valencia. 

Con una jerarquía muy similar a la de aquella gira, son los temas de sus dos últimos álbumes los que asumen con mayor protagonismo el peso (Bingo, 2002, y Desde la montaña más alta del mundo, 2005) de su imponente directo, aunque “Encadenados” o “En un mundo tan pequeño” engrosen su emocionante apostilla. Algo lógico, si nos atenemos también a sus trayectorias posteriores (Joaquín Pascual, Burrito Panza) y a la poderosa corriente eléctrica que desprende esa parte de su obra, cifrada en largos desarrollos instrumentales tan hipnóticos y adherentes como un campo magnético cercano a la saturación. Su concierto en La Cambra del Espai Rambleta fue una rotunda demostración de poderío, con momentos de una intensidad apabullante. Ya escribimos en estas mismas páginas, hace nueve años, que a los albaceteños se les echaría de menos. Y al menos en eso no nos equivocamos.

El notable prólogo corrió a cargo de los valencianos Ramírez, que no hacen más que cosechar buenas expectativas de cara a su inminente largo de debut, a partir de delicias como “Let’s Go Bowling”, con la que remataron su concierto.


Carlos Pérez de Ziriza.
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