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Reproducimos nuestra crítica del concierto que ofrecieron Mishima hace unas semanas en el Palau de la Música de Valencia, tal y como ha sido publicada en las páginas de la Cartelera Turia de esta semana

 

Madurez y versatilidad

 

Demasiado sofisticados para el rock de festa major y para el indie de postal, demasiado catalanes – fonéticamente, como mínimo – para triunfar en todo el estado (aunque ahí está la excepción Manel), los Mishima de David Carabén tienen bien poco que demostrar a estas alturas. Son una estupenda banda. Destilan clase, dominan con solidez un mínimo de tres o cuatro registros, dejan entrever sus filias por un linaje sonoro más que distinguido (que va más allá de los referentes anglosajones de rigor) y brindan textos elaborados y acordes con su edad, una vez rebasada la barrera de los cuarenta.

El rodaje acumulado tras casi dos décadas de carrera y ocho álbumes en curva generalmente ascendente apenas deja entrever grieta alguna en sus directos, y el concierto que ofrecieron en la sala pequeña del Palau de la Música (primera vez que se les puede ver por Valencia en un recinto tan recogido y agradecido, lejos del fastidioso rol secundario al que se ven relegados en los macrofestivales) fue una inmejorable ocasión para catarles sin incómodas interferencias. Más aún cuando el extraordinario Ara i Res (2017) depara algunas de las viñetas más desnudas y otoñales que se les recuerdan en mucho tiempo, como “Menteix la primavera”, “S’haurà de fer de nit”, “Posa’m més gin, David!” o la smithiana “Qui més estima”. Pero también, ojo, piezas tan henchidas como “Jimi”, con trompeta y mandolina abriendo aún más su gama cromática.

Todas ellas capitalizaron el primer tramo de un generoso concierto que tuvo mucho de presentación consecuente de ese último álbum, antes de un oxigenante interludio acústico y de que enfilaran la última curva de la tarde noche con “Qui n’ha begut?”, “Mai més” y otros clásicos de su discografía. Fue la suya una estupenda demostración de dominio de su acreditado lenguaje, fluida y sin necesidad de enfatizar más de la cuenta unas canciones que salen más que bien paradas con la mera apelación al oficio.

Carlos Pérez de Ziriza.

 

 

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