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Esta es nuestra crítica del concierto que ofreció Peter Hook, con su banda The Light, hace unos días en la sala Moon de Valencia, tal y como se ha publicado en las páginas de la Cartelera Turia.

 

Daños, perjuicios y otros reflotes más dignos

 

Peter Hook, en otro concierto reciente de su actual gira.

Punto uno: no todo el repertorio de New Order ha envejecido igual de bien. Para entendernos: “Bizarre Love Triangle” sobreviviría a un holocausto nuclear, pero las sacudidas electrónicas hi energy de “Confusion” (producción de Arthur Baker, cosecha del 83) suenan – reconozcámoslo – obsoletas. Punto dos: dado lo apuntado antes, se requiere generosidad de medios (eso de lo que aún disponen los actuales New Order, que engrosan carteles de grandes festivales) o, en su defecto, cierto decoro. Y Peter Hook es un gañán. No contempla ni lo uno ni lo otro. Sí, su intransferible aportación al bajo y su bronco carácter siempre fueron santo y seña del sonido del cuarteto, pero pasan los años y sigue siendo un gañán (el calificativo no es gratuito: remató la noche al mas puro estilo Cristiano Ronaldo, sin camiseta e hinchando pecho cual pavo real). Así que su revisión del Substance (1987) de New Order fue, en su mayor parte, una devastadora faena de demolición de un repertorio que merecía mejor tratamiento. Su estampa abordándolo es poco creíble, menos aún con tan ralo hilo de voz. Tan solo “Thieves Like Us”, vocalizada por el guitarrista David Potts (ex Monaco) y alguna más se salvaron de la quema. Y es que al menos Potts sí da el perfil de Bernard Sumner, por timbre, imagen y actitud. Puestos a invocar un simulacro, mejor hagámoslo dignamente.

Tras todo eso se entiende mucho mejor por qué dejaron el tramo Joy Division para la segunda mitad de la noche. No convenía dejar al público con tan mal sabor de boca. O porque lo entreveraron con la secuencia de los New Order primerizos, la que forman “Dreams Never End”, “Age of Consent”, “Love Vigilantes” y “Leave Me Alone” (de lo mejor del bolo). Tal y como probaron hace siete años y en la misma sala (ya entonces con su hijo Jack Bates al bajo), Hook y los suyos abordan la mejor reinterpretación posible de “Leaders of Men”, “Shadowplay”, “Transmission”, “Atmosphere”, “Disorder”, “Decades” o cualquier otro clásico de Joy Division, la primera encarnación creativa del histórico cuarteto de Manchester, post punk lúgubre y fibroso. Y lo hacen con mayor convencimiento – por fin la voz en primer plano – y fidelidad, sin liftings. En esas lo podían haber dejado, porque ponerse a recuperar también punto por punto la discografía de New Order cada vez que uno de sus álbumes cumple 30 años no parece preciso: produce sudores fríos pensar qué es lo que puede deparar su anunciado rescate de Technique (1989) dentro de un par de años, un disco cuyo espléndido recuerdo permanece incontaminado en la memoria, dado que son los propios New Order quienes hace más de dos décadas que no lo contemplan en sus directos.

Carlos Pérez de Ziriza.

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