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Esta es la crítica el concierto que ofrecieron Ramírez Exposure, Richard Lloyd y Marc Jonson hace unos días en la sala Loco Club de Valencia, publicada en el número de la Cartelera Turia que se pone a la venta hoy. La foto es de Ana Hortelano, tomada en su concierto de Madrid.

 

Trío de ases

 

Poco importa cuánto hay de azar y cuánto de búsqueda: no encontrarán un músico valenciano con mejores padrinos fuera de España que Víctor Ramírez. En cierto modo, no deja de ser lógico que tengan que ser precisamente dos experimentadísimos músicos norteamericanos, que podrían ser – cualquiera de ellos – su padre, quienes compartan escenario con él. La capacidad de Ramírez para los melodías acrisoladas y radiantes, entre la mejor tradición indie pop anglosajona y la orfebrería de los más acreditados artesanos del power pop, no entiende de modas ni admite muchos parangones en nuestra escena. Pero – ay – en términos de eco popular, difícilmente cotizará alguna vez al alza. Le tocará ejercer de fondista. Lástima, porque si sus dos impolutos álbumes hasta la fecha ya despuntaban por méritos más que propios, la gira que se ha marcado con el siempre infraestimado Marc Jonson (uno de los maestros de culto del pop con mayúsculas) y el legendario Richard Lloyd (guitarrista de los míticos Television y músico de sesión para Lloyd Cole o Matthew Sweet) es una auténtica oda al arte hecho canción.

Es el suyo un show arrebatador, en el que los también valencianos Marcos Junquera a la batería, Xavi Muñoz al bajo y Pau Miquel Soler a la guitarra conforman un sexteto que es un auténtico dream team. Dividido de forma sagaz en tres bloques diferenciados – antes de la traca final – , su concierto del Loco Club comenzó con las radiantes canciones de Ramirez Exposure (algunas ganaron en corporeidad), alcanzó altura de vuelo con un núcleo central en el que el virtuoso Richard Lloyd despachó algunos pedazos de historia en carne viva de la música popular con más solera (apabullante su “Marquee Moon”, amén del rescate de “Amnesia” o “Fire Engine”) y ya no bajó de las nubes con el veteranísimo Marc Johnson insuflando nueva vida – como si fuera un veinteañero – a cegadoras piezas de pedrería pop de su intermitente y opaca discografía. Una noche radiante, ante la que solo quien tenga las entrañas resecas podría asistir impasible.

Carlos Pérez de Ziriza.

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