Seleccionar página

Reproducimos nuestra crítica del concierto que ofreció Rubén Blades hace unos días en los Jardines de Viveros de Valencia, dentro de la programación de la Feria de Julio, tal y como se ha publicado en la Cartelera Turia.La foto es de de José Antonio Gómez.

 

Enciclopedia viva

 

Con uno de sus generosos conciertos de casi tres horas, Rubén Blades volvió – seis años después de su última visita al mismo recinto – a Valencia como parte de su interminable gira de despedida de los escenarios. Al menos de esa anunciada despedida de la salsa (un adiós a medias, vaya), género al que imbuyó de una dimensión universal al tiempo que la intelectualizaba – sin menoscabar su condición popular – y la dotaba de un cariz panamericano. Con la estupenda big band de Roberto Delgado (casi 20 músicos; primacía de la sección de metal), el panameño imprimió un carácter acentuadamente elegíaco a la noche, tanto por su tributo a quienes ya no están (el homenaje a Héctor Lavoe en “El cantante”; el recuerdo a figuras de la música popular como Lou Reed, David Bowie o Paco de Lucía en las proyecciones que ilustraban “Todos vuelven”) como por la propia proyección de su perfil, a unos días de cumplir las 70 primaveras y afirmando con orgullo que “cada año que pasa hay que celebrarlo, porque es una nueva derrota de la muerte”. Exhibió voz y físico en perfecto estado de revista, no escatimó clásicos imperecederos (“Pedro Navaja”, “Amor y control”, “Ligia Elena” y sus versiones de “Mack the Knife” y “The Way You Look Tonight”) y destiló sabiduría por todos y cada uno de sus poros en sus parloteos entre canción y canción. Reverencia más que obligada.

Carlos Pérez de Ziriza.

Share This