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Reproducimos la crítica del concierto que ofrecieron los australianos The Drones hace unos días en la sala 16 Toneladas de Valencia, tal y como se ha publicado en las páginas de la Cartelera Turia esta semana. 

The Drones-16 Toneladas

Intensidad y devastación
 
The Drones: una hora de concierto sin renuncios.
Aunque solo fuera por el derroche de intensidad en bruto que supone cada uno de sus conciertos, las visitas de The Drones ya deberían suponer una de esas fechas enmarcadas con rotulador rojo en cualquier calendario. Su nueva gira llegaba tras la cancelación de los conciertos que habían anunciado en nuestro país hace unos meses, pero eso tampoco redundó en una nutrida entrada en la 16 Toneladas, presa del desangelado aspecto del que prácticamente ninguna sala valenciana se libra de lunes a jueves. Ni siquiera sirvió de mucho el hecho de que un par de bandas locales (Les Ton Ton Macoutes y Gypsy Casino) cargasen con la responsabilidad de caldear el ambiente. En esencia, poco importa cuando la lacerante fogosidad de una banda se manifiesta con el irrenunciable arrojo de los australianos, tan demoledor cuando se expone ante unas pocas decenas de fieles como ante varios miles. 
Lejos de avanzar material nuevo -más allá del nuevo single “Taman Shud”- su concierto descerrajó algunos de los fogonazos más directos de toda su discografía, diseminada a lo largo de la última década: “Six Ways To Sunday”, “Shark Fin Blues”, “The Minotaur” o “The Miller’s Daughter”, despachados en poco más de una hora (más tiempo sería casi inasumible para cualquier banda que quiera mantener la cordura y no enfermar con tal catálogo de exorcismos) y con la descarnada fiereza de su ADN australiano, ese que tritura la herencia del blues ancestral, la sumerge en la misma fosa séptica en la que abrevaban The Scientists, Beasts of Bourbon o The Birthday Party y aún la vomita con la rotundidad legada por la escuela post hardcore norteamericana. El efecto es siempre devastador, y certifica que la existencia de conciertos sin un ápice de deshecho ni grasa aún es posible, aunque mirando a su alrededor parezca inverosímil.

Carlos Pérez de Ziriza.

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