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Esta es nuestra crítica del concierto que ofrecieron los australianos The Goon Sax, precedidos por los valencianos The Standby Connection, hace unas semanas en el Loco Club de Valencia, tal y como ha sido recientemente publicada en la Cartelera Turia. La foto es de María Carbonell.

 

Dispersión

 

Convertidos en tiempo récord en una de las nuevas sensaciones de ese indie pop de hechuras clásicas (el genuino, vaya, el que puede recorrer un arco que vaya de The Velvet Underground o The Modern Lovers a The Wave Pictures, pasando por Hefner o Papas Fritas), los australianos The Goon Sax recalaban por vez primera en Valencia con el aval de dos álbumes de lo más resultones, Up To Anyhting (2016) y el reciente We’re Not Talking (2018). Su actuación en estricto formato trío, con Louis Forster (hijo de Robert Forster, de The Go-Betweens) a la guitarra, James Harrison al bajo, Riley Jones a la batería y sin la suma de los teclados, la trompeta y la viola que adornan sus canciones, dejó al público algo frío. Y no precisamente porque aquellas se resientan de tan magra austeridad: al fin y al cabo, son canciones que nacieron para ser abordadas así, con el descaro y desparpajo de quien no necesita más que unas briznas de inspiración. Composiciones desvencijadas que cuajan por su frescura.

El problema fue la dispersión, esa forma tan deslavazada de encarar un argumentario que – visto lo visto – se defiende mejor (hoy por hoy) en los surcos de sus discos. Dio la impresión de que ni siquiera la propia banda terminaba de meterse a fondo en el concierto, pese a los frecuentes destellos de clase que emitían. Los valencianos The Standby Connection, por su parte, les precedieron con una rotunda muestra de rock enmarañado y parsimonioso, en la misma estela neoyorquina (otra vez los Velvet Underground, pero también Galaxie 500) que ya defendían con los añorados Polar (no dejan de ser tres de sus cuatro miembros), y en la que se nota el refuerzo de Ramón Manzaneda a la guitarra como cuarto hombre.

Carlos Pérez de Ziriza.

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