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Reproducimos nuestra crítica del concierto que ofrecieron los británicos The Horrors hace unos días en la sala Moon de Valencia, tal y como fue publicada en el último número de la Cartelera Turia.

 

Prestancia escénica para percepciones alteradas

                                  

Faris Badwan, vocalista de The Horrors, durante un concierto reciente de esta misma gira, celebrado en Leeds (Reino Unido).

No emergieron como una banda con trazas de ganarse su actual fiabilidad, pero los británicos The Horrors siguen despachando directos en los que prima la solvencia. Además, poder verles en la distancia corta de una sala (lejos de las magnitudes festivaleras en las que suelen desenvolverse por aquí, ya sea en el FIB, en el Low o en el fugaz MBC) sirve para reevaluar en positivo su espléndida puesta en escena. Si algo no les falta es actitud, imagen y un efectivo juego de luces que casa a la perfección con su metabolización de lecciones de la era post punk. Y eso se disfruta más en la cercanía. Quizá la única duda que puedan esgrimir sus detractores es cierta carencia de canciones absolutamente definitivas: su música tiende a expresar – con brillantez – un paisajismo policromado que se emborrona con la misma intensidad que sus portadas, pobladas por líneas del horizonte que se diluyen y rostros que se difuminan. Un juego de alteraciones de la percepción que podría ser encajado como el triunfo del envoltorio sobre la sustancia, de la forma sobre el fondo.

Pero incluso quienes se queden con esa lectura – algo epidérmica – deberían asumir que hasta esa barrera es franqueable con singles tan irrebatibles como “Something To Remember Me By” (una de las canciones de 2017), con el que cerraron un concierto que se hizo corto, despachado en apenas una hora y cuarto. A medio camino de la presentación de V, su notable nuevo disco, y de repaso a algunos de los hitos de una carrera que ya rebasa los diez años, Faris Badwan y compañía tradujeron a escena con previsible solidez argumentos recientes como “Hologram” o “Weighed Down”, junto a piezas más rodadas (e igualmente efectivas) como “Mirror’s Image”, “Endless Blue”, “Still Life” o “Sea Within a Sea”. Sin hueco para la sorpresa, pero con una prestancia fuera de toda duda. Antes, los argentinos – afincados en Berlín – Mueran Humanos habían subido al escenario como teloneros para dar buena cuenta de una propuesta sugestiva que bebe del kraut rock y del rock industrial, a veces con apariencia de hijos bastardos de Suicide o de Throbbing Gristle, otras como primos lejanos de El Columpio Asesino.

Carlos Pérez de Ziriza.

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