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Reproducimos la crítica del concierto que The Long Ryders ofrecieron en la sala Loco Club de Valencia, tal y como ha sido publicada en la Cartelera Turia de esta semana.
The Long Ryders-Loco Club
Nuevo brillo al eslabón

The Long Ryders durante su concierto en Loco Club: Sid Griffin en plena faena (Foto: J.C. Pestano).
En las frecuentes visitas de bandas históricas que nos llegan como parte de la reevaluación en positivo de su legado, cunde de vez en cuando una sensación de cómoda suficiencia. El inveterado oficio que destilan hace que muchas veces la exposición de sus virtudes se despache como una eficiente exhumación de reliquias, dando la sensación de que el ejercicio de sacudirles el polvo sea para ellos una cuestión de coser y cantar, de tan rodado como tienen un repertorio que casi podrían interpretar con los ojos vendados. 

La visita de Sid Griffin y sus Long Ryders no fue una excepción, si bien la serena fluidez con la que fueron desgranando su repertorio, ausente de los escenarios valencianos desde hace 26 años, no debe confundirse con desidia o falta de cocción. Lo suyo fue siempre un rock and roll de inequívoca raíz yanqui, sin trampa ni cartón. Que releía a The Byrds o a Creedence Clearwater Revival bajo la urgencia interpretativa de la generación criada al calor del punk y la new wave, encarnando la facción menos barroca y angulosa de lo que se dio en llamar Nuevo Rock Americano, en los años 80. Y “Gunslinger Man”, “State Of Our Union” o “Looking For Lewis and Clark” fueron puntales de esa forma de entender el rock, convenientemente recuperadas con acerada solvencia sobre el escenario de un Loco Club atestado, junto a sus versiones de The Byrds(“Have You Seen Her Face”) o Flamin’Groovies (“I Can’t Hide”). 

Un ejercicio de memoria recuperada, con la competencia interpretativa propia de esas formaciones clásicas americanas en las que el reparto incide en su virtud coral. Un eslabón en la cadena evolutiva del rock norteamericano al que de cuando en cuando no viene mal volver a sacar lustre. Y si es con el vitamínico prólogo de sus paisanos The Ugly Beats, que parecen sacados de las mismas cubetas que inspiraron la recopilación Children of The Nuggets (2005), mejor que mejor.

Carlos Pérez de Ziriza.
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