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Esta es nuestra crítica de Adiós, Señor Pussycat (Violette Records), el álbum de regreso de Michael Head (The Pale Fountains, Shack) junto a la Red Elastic Band, tras unos años de mutismo, tal y como fue publicada en las páginas del número de noviembre de Mondosonoro

 

El mundo está repleto de pequeños genios subestimados, así que no perderemos demasiado tiempo recordando los excelentes argumentos que Michael Head ha ido acumulando a lo largo de tres decenios. Ya fuera al frente de los soberbios The Pale Fountains, de Shack o de los más fugaces The Strands, sus canciones sustentaron una fórmula básica para entender el indie británico de los ochenta y todo lo que vino después, siempre con los Beatles, los Byrds y Love en el punto más visible de su santoral particular. Ni siquiera el hecho de que Noel Gallagher acogiera la producción de Shack a principios de los 2000 en su propio sello, Sour Mash, sirvió para alumbrar su trayecto con el plácet del gran público. El resto de la historia es tan común como triste: su carrera se fue diluyendo al mismo ritmo que aumentaba su dependencia del alcohol y las drogas.

Pero como la vida siempre ofrece segundas (y hasta terceras) oportunidades a cualquier alma descarriada, aunque solo sea por una cuestión de justicia poética, resulta que el mayor paréntesis de mutismo que ha tenido su trayecto (once años desde su último álbum, porque este confirma lo apuntado en el mini LP Artorious Revisited de 2013) se resuelve ahora con un trabajo jubiloso e inspirado (aunque no vaya a granjearle mayores ventas), en el que tiene mucho que ver un presente de indicativo que conjuga totalmente sobrio. Una resurrección creativa que recuerda a las que recientemente han experimentado Martin Phillips (The Chills) o Peter Perrett, otros grandes escritores de canciones rescatados a sí mismos de las tinieblas.

Basta con que entren las cuerdas de guitarra acústica, el violín, la trompeta y los coros finales – tan fronterizos – de la seductora “Picasso”, que suena como cualquier canción de los Fountains o de Shack pero a bastantes menos revoluciones, para darse cuenta de que Head ha vuelto más atemperado pero igual de sabio, dando rienda suelta a ese trazo narrativo que ahora también desarrolla en breves relatos que algún día verán la luz. Entre preciosas baladas al piano (“Winter Turns to Spring”), una madeja de estupendos arreglos (en “Picklock” registran cota sublime), nuevas y gozosas relecturas del legado de The Byrds (“Workin’ Family”) o del de Love (“4&4 Still Makes 8”) y primorosos apuntes acústicos (“What’s the Difference”) discurre el rango expresivo de un disco otoñal, inteligente y rebosante de clase, que debería servir para anclar en nuestra memoria para siempre – y no olvidar jamás – a uno de los grandes artesanos de la canción de las últimas décadas.

Carlos Pérez de Ziriza.

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