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Reproducimos la crónica remitida a la  Cartelera Turia sobre el concierto de Chucho en Valencia, celebrado hace algo más de un mes en La 3.
 
CHUCHO-La 3
Ladridos sin descendencia



Chucho durante su concierto en La3: aún con sed y ganas de meter (Foto: David Blutaski)

   Ya se sabe que la nostalgia es ahora mismo el más rentable motor para reactivar los circuitos de música en directo. Y si Surfin’ Bichos se reunieron hace siete años para reivindicar su posición como una de las bandas más injustamente ignoradas (por público, que no por crítica) de la historia del rock español, era cuestión de tiempo que la banda que Fernando Alfaro montó tras su disolución, Chucho, también regresara para alborozo de viejos fans e incluso de algunos nuevos seguidores, que también los hay. La ausencia, en el caso de Chucho, ha sido algo menor (ocho años, en lugar de los doce de los Surfin’), pero su vuelta guarda no pocos paralelismos con aquella.
En primer lugar, la certificación de que nunca han sido bandas que hayan tenido su mejor versión sobre un escenario. Sí, las canciones de Chucho (una de las mejores colecciones, por cierto, de todos los tiempos de nuestro rock) siguen mordiendo. Siguen siendo (y más en esta gira, que prima la vertiente más agresiva de su repertorio) lacerantes sacudidas de electricidad y lirismo afilado. Más aún si tenemos en cuenta la escasa presencia (por inaudible) del teclado de Emilio Abengoza y la ausencia del contrapunto vocal que aportaba Isabel León. Pero, precisamente por todo ello, en su concierto de La 3 primó el rabioso borboteo de un temario rocoso por encima de cualquier matiz, el hervor ambiental por encima de una ejecución meramente cumplidora, que fue indudablemente de menos a más, y que quizá alcanzó su punto óptimo de ebullición cuando ya era algo tarde.
Y en segundo lugar (y pese a todo lo expuesto), que su vuelta a los escenarios pone al rock independiente hispano actual frente el espejo, reflejando su cruda realidad. Fue terminar la atronadora Inés Groizard, estupendo remache a su concierto, y flotar en el ambiente la incómoda sensación de que ya prácticamente no quedan en este país grupos con propuestas tan descarnadamente sanguíneas. Tan genuinas. La borrosa fijación en nuestra retina (y en la de muchos) de la silueta de Josetxo Ezponda (alma mater de Los Bichos, fallecido tres días antes), amplificada por mor de la redifusión de sus videos en las redes sociales, no hizo más que incrementar esa desazón.

Carlos Pérez de Ziriza.
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