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Reproducimos la crónica del concierto que Clem Snide ofrecieron hace unos días en la sala Wah Wah de Valencia, tal y como se ha publicado en el número del viernes pasado de la Cartelera Turia.

CLEM SNIDE-Wah Wah
Entre el oficio y el capricho
Eef Barzelay: basculando entre pasado y presente.

Aunque Clem Snide, como tales, ya solo sean un recuerdo (no queda nadie más de la formación que entre finales de los 90 y mitad de los 00 facturó aquellos referenciales discos dentro del panorama alternativo americano), Eef Barzelay se resiste a dejar de utilizar la denominación del proyecto que encabezó. El motivo es bien simple, el mismo que utilizan decenas de frontmen cuando su carrera en solitario no termina de despegar: tratar de congregar al mayor número de gente en sus conciertos, concitando el interés de un público que, por otra parte, cuando ha tenido la oportunidad de verle en solitario, no ha disfrutado precisamente de su mejor versión.
Acompañado del batería Ben Martin y el teclista Edu Martínez, aplicados secundarios siempre a merced de sus antojos, el norteamericano mejoró las prestaciones de algunas de sus últimas visitas, pero rebajó la tensión de su set hasta emborronarlo (y casi arruinarlo) en su recta final. Algo que muy poco puede sorprender a quienes ya están acostumbrados a depender del mercurial carácter de un intérprete que hace tiempo juguetea entre el aplicado oficio y la caprichosa desgana. La solera de “Something Beautiful”, “Nick Drake Tape” o “No one’ s more happy than you”, mecidas al son de un tratamiento austero pero no espartano (batería, guitarra acústica y teclado) sostuvo la espina dorsal de unos primeros tres cuartos de hora francamente dignos. Reconfortantes, cuando menos, aunque disten eones de lo que Clem Snide ofrecían sobre un escenario hace una década. En cuanto nuestro hombre reapareció en los bises, solo y ukelele en ristre (la plaga moderna del indie), aquello enfiló una tediosa pendiente de autocomplacencia solo apta para incondicionales bajo un evidente síndrome de Estocolmo, con tres prescindibles versiones (Sinatra y Velvet Underground, unidas a la de los Stones que había perpetrado antes) como factor agravante. Quizá no fuera para tanto, quizá ese prolongado epílogo no implique echar por tierra todo lo previo, que tuvo sus momentos (muy) puntuales de brillantez, pero cualquiera que haya frecuentado sus muchas visitas de estos últimos años podrá certificar que ya llovía sobre mojado.

Carlos Pérez de Ziriza.
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