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Nos hacemos eco de la crónica del concierto que Xenia Rubinos ofreció hace unos días en La Llimera, remitida para su correspondiente publicación en la Cartelera Turia.
 
 
XENIA RUBINOS-La Llimera
Un vendaval
 
Xenia Rubinos y Marco Buccelli: sabrosura y demolición.
 

   Como suele ser común ante esta clase de visitas, en las que figuras aún de muy escaso renombre resultan, para más inri,  casi imposibles de encasillar bajo una etiqueta determinada, apenas fueron cerca de cuarenta curiosos los que se acercaron hasta La Llimera para degustar el estreno de Xenia Rubinos en los escenarios de nuestro país. Y aunque fuera previsible, no deja de ser una lástima. Porque fue el suyo, sin duda,  uno de los conciertos de lo que llevamos de año en Valencia. La vocalista y teclista neoyorquina (de descendencia cubana y puertorriqueña) y su compinche, el percusionista Marco Buccelli, se sobran y se bastan para, en un formato dúo que irradia un fragor aparentemente inverosímil,  apabullar al personal con un directo demoledor. No solo porque las excelencias de su efervescente debut (Magic Trix, por fin editado en nuestro país) son traducidas con vivificante fidelidad, sino incluso por la sobredimensión que saben darles en escena, mediante un derroche de sudor que no repara en condiciones ambientales. Su voz es un portento de la naturaleza, dotada de un timbre que, pudiendo decantarse por el r’n’b más melifluo, prefiere arrimarse con frecuencia a la heterodoxia  de prácticas como el scat o el beat boxing, factor que acentúa el versátil y exótico hechizo de su propuesta. Y esta obedece a una visión poliédrica del pop, con gotas de jazz, r’n’b, folk latino o hip hop como sazón. Buccelli, por su parte, exhibe un febril y multifuncional sentido del ritmo, a veces fracturado y casi siempre lejos de los patrones convencionales, que da pie a los paralelismos trazados con Tune-Yards o Battles, como si ambas bandas gozasen de un gen latino oculto. Los dos juntos convierten lo suyo en un vendaval. ¿La world music del futuro?
Carlos Pérez de Ziriza.
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