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Reproducimos nuestra crónica de la última edición del Primavera Sound, publicada en dos entregas sucesivas en las páginas de la Cartelera Turia, con la ayuda del compañero Quique Medina.
PRIMAVERA SOUND 2015 (I) – Parc del Fórum (Barcelona)

15 años de marca consolidada

Patti Smith: sin palabras (Foto: Eric Pàmies)

No hay resquicio alguno para que surjan incógnitas acerca de la salud del Primavera Sound. Sigue convocando a algo más de 50.000 personas por cada una de sus tres jornadas principales en el Fórum barcelonés, al margen del incremento de sus actividades profesionales y de la cada vez mayor imbricación en la ciudad que lo acoge, mediante otros escenarios urbanos. La edición del 15 aniversario certificó, visto en perspectiva, el desproporcionado crecimiento del que es uno de los mejores festivales de Europa, que volvió a brindar este año algunas actuaciones memorables de entre su inabarcable oferta. Aquí las sintetizamos a cuatro manos, al menos hasta donde pudimos llegar.
Baxter Dury: Primó su faceta más pop (“Picnic on the Edge”, “Cocaine Man”) en detrimento de su vis más sofisticada, y es lo mejor que pudo hacer, dado que el sol aún caía a chorro. Cumplió. CPZ.
The Black Keys: Hace algún tiempo que Dan Auerbach y Patrick Carney no se hablan, y esa falta de química se notó en su mecanicista actuación, plagada de recesos innecesarios e interpretaciones sin alma, pese a la crudeza blues rock a la que se aferran en escena tras el tibio Turn Blue (2014). Una de las decepciones de este año.CPZ. 
Caribou: Elegante puesta en escena y dominio perfecto de las masas, a las que hizo bailar subiendo y bajando la velocidad a su antojo. Demostración de dominio a la hora de mezclar, con inteligencia y clase, la electrónica y el rock. QM. 
Damien Rice: Enorme. Derroche de sensibilidad melódica y capacidad interpretativa en la que era su primera actuación en nuestro país, solo con la ayuda de una guitarra acústica y su portentosa voz. Apoteósico final con la miríada de samples de “It Takes a Lot To Know a Man”. Pocos salen victoriosos de tales envites. CPZ. 
Foxygen: Uno de los conciertos del festival, sin duda alguna. Arrolladora puesta en escena para un concierto enérgico que no ofreció tregua a la felicidad. Sam France se transformó en una suerte de híbrido entre Nick Cave, Iggy Pop y Mick Jagger. Resultó complicado reconocer las canciones en un repertorio arrollador y colorista. Una fiesta. QM. 
Giant Sand: Howe Gelb estuvo tan sólido como siempre, aupado en discos tan magistrales como su última entrega y esa competente banda formada por músicos americanos, daneses y españoles (Fernando Vacas). Rock de raíces que siempre va un paso más allá. Maestría. CPZ. 
Health: Titánica e impresionante puesta en escena. Nada nuevo pero ¿para qué cambiar? Concierto efectista y ruidoso, de los que dejan poso. QM. 
Interpol: Los repetidos fallos (e incluso gallos) de Paul Banks no impidieron a los neoyorkinos dar un bolo serio y reconfortante. Tampoco un apagón en las pantallas que secundaban a la música fue óbice para calificar la actuación de Interpol como solvente y reconfortante. A nivel sonoro, nadie diría que actuaron en el mismo escenario que Mac Demarco. Ahora sí, aquello disparaba sonido decente. QM.
James Blake: compositor e intérprete cerca siempre de lo superlativo, volvió a apuntalar su capacidad para emocionar desde la mesura más que planificada, sustentada-eso sí-en un entramado más orgánico que el que desvela sus discos. No por repetido deja de ser un valor seguro. CPZ. 
Joan Miquel Oliver: Sus brillantes canciones pop le iban que ni pintado al solazo que a plomo caía. La sencilla puesta en escena y la falta de emoción que transmitían sus protagonistas fue suplida por esas canciones redondas y geniales que solo él sabe hacer. QM. 
Julian Casablancas+The Voidz: Considerable empanada mental, estética y sonora, la del vocalista de los Strokes y la banda que le acompaña desde hace un año. Más finos cuando se escoran hacia la rítmica africanista que por la senda de un rock progresivo de costosa digestión. Ocasionalmente estimulantes, generalmente farragosos. CPZ.
Kevin Morby: El tejano hiló un bonito concierto de canciones de base americana y pliegos indies. La sombra de Dylan es alargada pero (al igual que ocurre con Kurt Vile o The War on Drugs) si se utiliza para cobijarse así, da gusto. Nervio y lucidez instrumental en una actuación notable, que pasó como un suspiro. QM. 

Mac DeMarco: Sonido enclenque para un concierto del que esperábamos más. No por entrega y desparpajo, sino por falta de empaque y fuerza sonora. Divertido, sí, pero las buenas canciones del artista canadiense no reflejaron lo propio en directo. Personal y burlesca versión de “Yellow” de Coldplay y stage daving de largo recorrido. QM.
Mikal Cronin: con la precaución propia de una valoración parcial-por tiempo-, hay que decir que la belleza prístina de sus inmaculadas canciones brilló con luz propia. CPZ. 
Nueva Vulcano: Cañonazo de canciones cortas y precisas, dejando claro que se conocen y juntos son infalibles. Las canciones de Novelería, su último álbum, sirvieron de excusa para entrelazar un repertorio en el que no faltó casi ninguno de sus “jitets” (como dicen ellos). Rápidos, potentes y satisfactorios. Como debe ser el buen punk. QM. 
Patti Smith: Sobrenatural. Pletórica. Lejos del síndrome de plato recalentado que afecta a tantas resurrecciones de álbumes históricos, certificó la rara vigencia de Horses (1975). Conectó su aura lírica con la reciente victoria electoral de plataformas ciudadanas, sin brochazos ni panfletos. Y evocó a los difuntos (Joey Ramone, Johnny Thunders, Allen Lanier, Fred “Sonic” Smith, Lou Reed) antes de una “Elegie” que dejó a todo el mundo con el lagrimal a punto del desborde. Luego, como si nada, cerró con una desmelenada “Rock’n’Roll Nigger”, guitarra en ristre. Capaz de reducir al resto del cartel a la insignificancia, una vez más. Más que un concierto: otra lección de vida. CPZ. 
The Replacements: Bendito retorno. Habrán perdido espontaneidad y mojo con el paso de los años (aunque no tengamos referencias de sus lejanísimas primeras visitas), pero la defensa aguerrida de un repertorio como el suyo, santo y seña del mejor rock alternativo yanqui de los 80, justifica cualquier resurrección. Imborrable. CPZ. 
Black Keys y su frío mecanicismo (Foto: Eric Pàmies)
Shellac: Volvieron a hacerlo, nunca defraudan. Con un concierto de músculo y perfección rock, se ganaron a todos los presentes sin dejar un resquicio para el silencio. Un placer para los oídos y la vista. QM. 
Sleater-Kinney: Arrolladoras. Ciertos problemas de Carrie Brownstein con el sonido de su guitarra retrasaron la ignición, pero a partir de “Surface Envy” aquello fue otra demoledora exhibición de punk pop afilado y tajante. Cuando feminidad y fiereza no están en absoluto reñidas. Uno de los conciertos de esta edición. CPZ. 
Spiritualized: Muy solventes, pero a la vez muy reiterativos en la sobreexposición de sus letanías de góspel rock, coro incluido. El oficio no se les discute, pero han tenido fases más vivificantes. CPZ. 
The Strokes: Sin ser (ni de lejos) su mejor concierto, fue un gran bolo. Tienen tantos hits que basta para dos horas de adrenalínico concierto. La guitarra de Albert Hammond Jr sigue sonando como los ángeles y la voz de Casablancas sigue siendo droga dura. Eso sí, nos quedamos preocupados por su ajado aspecto: pasado de kilos y con la mitad del pelo rapado y de color fucsia, uf, no parece atravesar su mejor momento mental. QM. 
Sunn O))): Intimidantes. Doom en su expresión más extrema. Tan pronto como su panoplia de drones prolongó su introducción in crescendo, parte de la audiencia desertó. Su aportación explicita, en todo caso, el vínculo del festival con el riesgo y la heterogeneidad. CPZ. 
Tyler, The Creator: En una edición más repleta de hip hop que nunca, la del californiano fue una actuación vigorosa y exuberante. Al menos durante el tiempo que tuvimos para comprobarlo. CPZ.
Viet Cong: el post punk de los canadienses no pareció justificar en ningún momento la enorme expectación suscitada en torno a un escenario ante el que se agolpaba toda una muchedumbre. Correctos, y poco más. CPZ. 
White Hills: Correosos, abrasivos, entregados. No tuvimos la suerte de ver toda su actuación, pero el tour de force final bastó para apreciar la contundencia de su turbadora maquinaria psicodélica, activada a solo cuatro manos. CPZ.

Carlos Pérez de Ziriza/Quique Medina
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