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Vamos encarando ya la recta de final de año, y recuperamos algunos de los discos más notables que se han ido editando en las últimas semanas en la Comunidad Valenciana. Hoy lo hacemos comentando lo último de Jupiter Lion, Güiro Meets Russia, Òscar Briz, Los Radiadores y Lanuca

 

 

Nos aproximamos al final del año, ese momento en el que – irremediablemente, por mucho que a algunos les resulte un incordio – tocará hacer balance de lo mejor de todo el ejercicio, y recuperamos nuestro pulso a algunos de los discos que han sobresalido en las últimas semanas en la escena valenciana. Son cinco trabajos que van del formato EP de apenas cuatro canciones al álbum de diez. Cinco nuevas colecciones de canciones que si por algo destacan es por el dominio que todos ellos presentan de sus respectivos lenguajes. Ninguno de ellos es precisamente un músico novel.

Se echaba ya de menos a Jupiter Lion, quienes llevaban cuatro años sin entregar material nuevo. No es de extrañar, dado que la hiperactividad de Jose Guerrero (los ya extintos Betunizer, Cuello Segunda Persona) también debe tener unos límites. El trío que forma junto a Vicente Sais (programaciones y mil cosas más) y al percusionista Xavi Chardi vuelve por donde solía, si acaso con un discurso oscurecido y algo más obsesivo respecto a lo que fue Brighter (2014), muy acorde en todo caso con los tiempos convulsos que vivimos: los rastros del kosmiche, del kraut rock, de la psicodelia o del space rock pueden resultar orientativos para quien aún no les conozca, pero sus largos y obnubilantes mantras siguen sonando básicamente a Jupiter Lion.

En coordinadas similares, y también poniendo banda sonora a esa distopía moderna que cada vez anda más cerca de hacerse realidad, se mueven Güiro Meets Russia, el dúo formado por Juanvi Fortea y Francisco León, quienes ya despuntaron hace un par de años con Dystopia (2016) y ahora vuelven a la carga con Folk Psychology (Canoa Snake Records, 2018). Hasta los propios títulos son reveladores: “Tame Your Ego”, “La Conspirazione Paranoia” o “The Gestalt Effect” dan buena cuenta de ese geometrismo sonoro que, apoyado en sintetizadores analógicos y guitarras eléctricas, pone algo de sordina (¿o es más bien escapismo?) al desconcierto de esta vida moderna que tan a maltraer nos tiene en una fórmula a la que, junto al perenne sustrato teutón, añade capas darkwave, guiños a Brian Eno y ecos de la IDM y del desasosiego onírico de Boards of Canada.

Cambiamos totalmente de tercio, y no solo porque lo nuevo de Òscar Briz apenas añada cuatro canciones frente a los dos frondosos álbumes que hemos comentado antes, algo que (inevitablemente) deja al seguidor de largo recorrido con ganas de más, sino porque poco tiene que ver con todo ellos el aliento de este veterano cantautor que las ha visto de todos los colores desde hace más de treinta años, en trayecto que ha lidiado con el post punk, el folk, la canción de autor, la bossa nova y el pop sin cortapisas genéricas de ninguna clase. El autoeditado No caure és que m’agafes de les mans, grabado en los estudios Little Canyon de Luis Martínez tras un periodo vital complicado, marcado por la pérdida de algunos seres queridos, es otra extraordinaria muestra de su talento como letrista y delineador de melodías inapelables: no pierdan detalle de la confesión acústica de “Amic”, de la belleza cristalina de “T’imagine” ni (sobre todo) del empuje pop de la fantástica “Enric, Empar i La Mar”.

Los Radiadores de Raúl Tamarit, por su parte, entretienen la espera ante lo que debería ser su próximo cuarto álbum con el mini elepé (cuatro temas) Puño en alto (Bonavena). Hay rock de rompe y rasga marca de la casa en “Si sale cruz”, poso pop en “Vuelva usted mañana” (la sombra de esos ochenta que tan bien filtraron Una Sonrisa Terrible, que queda aquí cerca de un retranca a los Nikis) y en una “Con al agua al cuello” que es una de sus mejores dianas y un reverente tributo a los Clash (vía su versión del “Police On My Back” de los Equals de Eddy Grant) en “Policía detrás”. Buenos augurios de cara a un nuevo largo que debería reafirmar la progresión apuntada hasta ahora por el cuarteto,

Y finalizamos, last but not least, con Rémora (Bonavena), el sensacional nuevo trabajo de Lanuca, el proyecto de Ángela Bonet, quien no solo reafirma todo lo bueno ya apuntado en aquella trilogía de mini elepés que fueron Pómulo (2013), Gran Mandíbula (2015) y Tibia Turbia (2016), sino que redimensiona aquellos logros con una colección de diez canciones ensoñadoras y magnéticas, a veces turbadoras, en las que el componente protoelectrónico se refuerza (mayor presencia de los sintetizadores) y su música gana en propiedades caleidoscópicas, plamada en una suerte de folk mutante al que de poco sirve, de cualquier modo, buscar etiquetas. A la habitual guitarra de Manolo Bertrán (Doctor Divago) se suman el sintetizador de Ana Santos, el chelo de Vanessa Juan y la trompeta de Enest Aparici, en un imponente álbum que flota en algún punto indeterminado en ese imaginario sonoro habitado por Júlia, Aries, Lidia Damunt o Marina Gallardo.

Jupiter LionWe Will Lose Gracefully (BCore)

Güiro Meets RussiaFolk Psychology (Canoa Snake Records)

Òscar BrizNo caure és que m’agafes de les mans (Autoeditado)

Los RadiadoresPuño en alto (Bonavena)

LanucaRémora (Bonavena)

Carlos Pérez de Ziriza.

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