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“Es verdad que mucha de la gente que hacía música rock en los 80 ganaba mucho dinero, pero en mi caso, yo siempre he ido a contracorriente”. Nos lo contaba Morcillo hace cinco años, en una entrevista en el Quadern del diario El País con ocasión de la salida de su último álbum, 60 formas de molestar (cuyo texto reproducimos más abajo). Y resume con bastante fidelidad la filosofía de un hombre que fue la máxima referencia del rock en Castellón en las últimas décadas. Reproducimos aquí la semblanza de rigor, publicada en el número de la Cartelera Turia que se puso a la venta el pasado viernes.

Bajo, calva y gafas de sol: el icono eterno del rock en Castellón. 
    Su semblante adusto, su proverbial calva y su moto de gran cilindrada eran santo y seña del rock en la capital de la Plana desde hace más de cuarenta años. Juan Antonio Morcillo (Godella, 1949-Castellón, 2015) no solo era el más fiel prototipo de rockero que nunca haya dado Castellón, tallado al molde de una ciudad que siempre tuvo un singular apego a las formas más genuinas de abordar el género, siempre desde perspectivas muy poco adulteradas (no es de extrañar la querencia por el power pop desde los 80, o por el punk rock desde los 90). Es también el personaje que está detrás de buena parte de las mejores canciones que aquellas tierras nos han legado en las últimas décadas. Especialmente a través de Morcillo el Bellaco y Los Rítmicos o de Los Romeos, aunque fuera al mando del bajo y los coros de Los Auténticos (junto a los hermanos Villanueva) como saltase a la primera fila de la producción local con mayor proyección. Quizá su desabrido talante no fuera el más adecuado para gozar de las mieles de la repercusión popular: no era en absoluto amigo de diplomacias ni componendas. Tan solo el éxito fulgurante (y fugaz) de Los Romeos a finales de los 80, con la prestancia escénica de Patrizia Escoín y el núcleo de lo que eran Los Rítmicos y canciones como “Mi Vida Rosa”, consiguió que su talento compositivo se acercase a lo que entendemos por repercusión estatal, más allá del círculo de iniciados.

Pero su firma está ahí, bien presente en casi todas las mejores aventuras del rock castellonense desde que debutase en el Teatro Principal de Castellón en 1968, haciendo versiones de los Beatles al frente de su primera banda, Los Sherpas. El pasado sábado fallecía a los 65 años, después de una larga dolencia. Y a lo largo de varios días resonaron aquellas palabras que inmortalizase, en su más puro estilo, en el documental Kamikazes en la oscuridad (dirigido por Iván Dabon en 2012), aquel repaso visual al rock en Castellón en los últimos tiempos, a través de los testimonios de sus principales artífices: “perdonen que no se me levante”. Con esa palabras, pervirtiendo el sentido de la frase que pronunciara Groucho Marx en su momento, es como quería que se le recordase en el epitafio de su lápida.

Los Astoms, Capitán M, Los Rangers o Los Molestos son algunas otras de las bandas que capitaneó a lo largo de más de cuarenta años, casi siempre en compañía de su fiel escudero, el batería José Luis Lorente “El Chino”. En 2010 había editado su último álbum, genuinamente titulado 60 formas de molestar (había cumplido 60 años). Su hija Gisela y su sobrina Aroa mantenían también viva la llama de la estirpe desde mitad de los 90 con Gatas Negras, su propia formación. Y Morcillo seguía interpretando sus canciones en directo hasta hace bien poco, antes de verse imposibilitado por la enfermedad. El periodista David Hernández Beltrán, autor del esencial libro Historia de la música pop en Castellón(La Seta Azul, 2011), le definía estos días como “indomable, lenguaraz e independiente. Nunca alcanzó el éxito comercial; tampoco lo buscó ni se lamentó por ello. Por dentro del personaje que se construyó, un gran músico (bajista, cantante, guitarrista) y un compositor con talento”.

La historia del rock de este país, desde luego, también se escribe con la letra pequeña (pero a la vez tan grande) que los pioneros de pequeñas capitales de provincia como Castellón han ido delineando durante décadas, muy lejos siempre de los puntos de decisión de la industria y de los grandes focos mediáticos. Quedan, como suele decirse siempre (es un tópico inevitable), las canciones. Y contra esas no hay objeciones que valga oponer.

Carlos Pérez de Ziriza.


Reproducimos aquí la entrevista que mantuvimos con él en 2010, con ocasión de su última entrega discográfica, para el Quadern de El País:




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