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Reproducimos nuestro tradicional artículo para el Extra Nadal que publicó hace unos días la Cartelera Turia, centrado en algunos de esos regalos en forma de disco o cedé que tan bien pueden lucir estos días. 

 

La nostalgia sigue siendo la fuerza motriz que reactiva el mercado del disco, para qué nos vamos a engañar. Lo repetimos cada año cuando llegan estas fechas: las reediciones, las cajas recopilatorias y los venerados cofres que rescatan y exprimen la discografía de las vacas sagradas del pop y el rock (en todas sus ramificaciones) siguen constituyendo una espléndida forma de regalar música por Navidad, aunque muchas veces el envoltorio emita un lustre que va más allá de un contenido que no es más que materia reciclable porque difícilmente puede deparar sensaciones inéditas que justifiquen su precio. La forma suele primar sobre el fondo, vaya. Tampoco está de más obsequiar a cualquier congénere querido con algunos de los muchos discos nuevos, muchos formados por músicos prácticamente debutantes, que se han editado a lo largo de 2018, pero tiempo habrá para que en estas mismas páginas desgranemos nuestra particular selección de trabajos que reflejan el espíritu de este tiempo, tan complejo – a veces – y tan difícil de desentrañar con un solo adjetivo.

Aunque, según hacia dónde miremos, nadie diría eso de que hay discos de nueva factura tan buenos como para aburrir. Si echamos un vistazo a las calificaciones del agregador de críticas www.metacritic.com, (es un buen termómetro) volveremos a comprobar que las cinco novedades más destacadas, aquellas que acumulan mayor número de puntos como obras indisctutibles, son precisamente reediciones de discos que vieron la luz hace 30, 40 o 50 años. Tampoco hay que rasgarse demasiado las vestiduras: el lenguaje del rock gira sobre sí mismo como una pescadilla que se muerde la cola desde hace una pila de años, y al fin y al cabo esto del coleccionismo discográfico es cosa de lo que los millenials llaman puretas. Así las cosas, no hallarán objetos más preciados en esa lista que la reedición Deluxe del White Album de los Beatles por su 50 aniversario, el rescate del Electric Ladyland de Jimi Hendrix también por sus 50 castañas (ya dimos buena cuenta aquí del poder evocador de aquel ejercicio de 1968, con su mayo insurrecto), la enésima exhumación del las Bootleg Series de Bob Dylan, esta vez con seis cedés alrededor de las sesiones de Blood On The Tracks (en 1974 y 1975), una nueva caja – también de seis discos – exprimiendo el Imagine de John Lennon (1971) e incluso una edición extendida del …And Justice For All de Metallica por su 30 aniversario.

La enésima exhumación de los archivos de Bob Dylan: “More Blood. More Tracks, The Bootleg Series Vol. 14”.

Más recopilaciones que destilaron buen jugo: la caja An American Treasure de Tom Petty, algo así como el complemento definitivo a su discografía oficial tras su muerte hace poco más de un año, el interesante Piano & A Microphone 1983 de Prince, que depara una versión desnuda, muy diferente, de su torrencial genialidad, el seminal Exile in Guyville (1993) de Liz Phair (notoriamente influyente para toda una nueva generación de indie rockers norteamericanas), el esencial Pink Flag (1977) de los británicos Wire, piedra angular del punk más magnéticamente enmarañado, un nuevo directo de R.E.M. (At The BBC) o las siempre bienvenidas reediciones de los primeros trabajos de Teenage Fanclub, Isaac Hayes, Fleetwood Mac, Wilco, Brian Eno, Leroy Hutson, Hüsker Dü, Helium, Felt, la discografía central de Pet Shop Boys, la colección de singles de The Fall y la reedición de las compilaciones Switched On que Stereolab (de vuelta al ruedo de las giras) despacharon en los 90. Sin olvidarnos, por supuesto, de la preceptiva cuota anual de David Bowie, que nunca falla y este año llega incluso al rescate de la fase más desafortunada de su carrera, la que fue de 1983 a 1988, resumida en Loving The Alien (1983-1988). Ni tampoco, ya en un plano colectivo, de las siempre exquisitas recopilaciones de la serie Twelve String High del sello You Are The Cosmos, que llega a su tercera entrega con el delicisoso jangle pop de grupos como The Raving Beauties, Portable Radio, Los Valendas, The Modulators y solistas como Scott GagnerSid Griffin

Y para terminar, algunas reediciones facturadas en nuestro país, discos también entrados en muchos años pero tan necesarios como el día en que se pusieron en circulación: Humitat Relativa (1979) de Remigi Palmero, Cambrers (1981) de Julio Bustamante, Camino Soria (1987) de Gabinete Caligari y Soñando en Tres Colores (1988) de La Granja. Un diverso surtido de opciones para obsequiar música, de esa que no caduca.

La bacanal de jangle pop atemporal de la tercera entrega de la serie Twelve String High: una absoluta gozada.

Carlos Pérez de Ziriza.

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