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Este es nuestro tradicional avance del Festival Internacional de Benicàssim, el que redactamos cada año para la Cartelera Turia, tal y como se publicó en el número que se puso a la venta el viernes pasado.

 

La solvencia de la clase media

 

El Festival de Benicàssim celebra este próximo fin de semana una vigesimocuarta edición fiel a sus constantes, con más brillo en la zona intermedia del cartel que en la alta

Cuando salieron a la luz las primeras confirmaciones del FIB de este año, con la primavera aún a unas cuantas semanas vista, cundió cierto desánimo entre su clientela habitual. Al menos, entre la española. Conforme pasaron los meses y se fueron sumando nuevos nombres, su cartel ganó en consistencia y acumuló un buen puñado de motivos para que la desconfianza se disipara. Al menos, en parte. Posiblemente sea esta, la que se celebra del 19 al 22 de julio, ya el próximo fin de semana, una de las ediciones en la que más flojean los grandes reclamos: un Liam Gallagher que repite por segundo año consecutivo sin muchas más alforjas que el viejo temario de Oasis (explotado con denuedo), unos Killers cuya liviana fórmula agotó sus mejores cartuchos hace tiempo, el hip hop de un Travis Scott aún poco conocido por estos lares y – eso sí – la batería de hits de los Pet Shop Boys, con toda seguridad la banda que más canciones memorables atesora de entre el centenar largo que integra la programación, siempre (además) con un gusto exquisito a la hora de renovar su concepto escénico. Una vez más, y seguramente esto sea algo que le traiga sin cuidado a la mayoría de las 50.000 personas diarias que abarrotarán el recinto confirmando la excelente racha de estos últimos tres años en que el festival ha remontado el vuelo, conviene delegar en su clase media y también en su letra pequeña para sacarle todo el jugo al festival. En esos nombres que no lucen en apariencia tantos galones y rara vez ejercen de excusa por sí solos para el desembolso de los 100, 110, 135 o 155 euros que cuesta el abono (dependiendo de los días), pero que juntos justifican sobradamente el viaje a Benicàssim. Y que este año siguen ampliando la paleta cromática en direcciones que van mucho más allá del pop de guitarras. Con el hip hop, la electrónica y los géneros de sesgo urbano de nuevocondimentando el menú.

Cada cual otorgará más o menos razones de peso según sus preferencias, por supuesto. Y quien no comulgue con la querencia británica del festival no empezará a hacerlo ahora. Pero desde aquí nos atrevemos a detallar nuestro listado de indispensables, tal y como venimos haciendo en esta publicación desde 2003: el infalible y delicado repertorio pop de Belle & Sebastian, el magisterio ska pop de los veteranos Madness, las melodías euforizantes y absolutamente festivaleras de Two Door Cinema Club, la exuberancia hip hop de Princess Nokia, la efervescencia pop de unos The Vaccines que llegan con uno de sus mejores álbumes bajo el brazo, el magnético eclecticismo de Tune-Yards, el deslenguado punk de arrabal de Sleaford Mods, la elegancia synth pop de Metronomy, la bien enhebrada oscuridad after punk de The Horrors, el versátil concepto de las enseñanzas punk y new wave de Parquet Courts, la rabiosa aleación post punk de los jovencísimos Shame y de los más experimentados Wolf Alice, el pedigrí manchesteriano de los eficaces The Charlatans, el embrujo de la carismática Anna Calvi, el garage rock que tan bien defienden King Khan & The Shrines, la amalgama de soul, hip hop y salsa de Nathy Peluso o el descarado y ambivalente indie rock de Caroline Rose, que está llamada a ser una de las revelaciones (al menos esa es una de nuestras apuestas personales). Sin olvidarnos del folk rock de Joana Serrat o Junior McKenzie, el post punk de La Plata o Rural Zombies, el pop electrónico de Jùlia o Polock, el indie pop de Rusos Blancos, el garage rock de The Parrots o Los Nastys, la renovación de los últimos Tulsa, las sesiones de Ley DJ o DJ Caro y otros integrantes de una nómina de músicos españoles que tiene en Izal y Dorian a sus señuelos más populares, apenas dos de esas presencias que son moneda común en festivales low cost. Y que cuenta, así a bote pronto, con media docena de nombres de la Comunidad Valenciana, cifra récord en su historial.

Entre los fenómenos comerciales que nos llegan del Reino Unido, tan inherentes al target del festival, algunas caras conocidas como Jessie Ware, Catfish and the Bottlemen o The Kooks y otras más inéditas por estos pagos como el pop edulcorado y saltarín de Pale Waves o la propuesta de Rag’n’Bone Man, fenómeno similar al de Kaleo (presente el año pasado) en su forma de moldear vieja arcilla blues al gusto de un público contemporáneo. El hip hop de J Hus o Giggs, la electrónica de Eric Prydz o la inquietante y algo indefinible – y ahí está la gracia – mixtura de hip hop y trap del estonio Tommy Cash (ojo, porque puede ser otra de las sorpresas) completan el cartel, entre muchos otros nombres. Toda la información, como siempre, en https://fiberfib.com/.

Carlos Pérez de Ziriza.

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